Significado: amigo de Dios, amado por Dios.
Teófilo es un nombre griego de bellísimo significado: theós, 'dios', y phílos, 'amigo', esto es, 'amigo de Dios' o 'amado por Dios'. Tiene un eco literario muy antiguo, pues Teófilo es el destinatario al que San Lucas dedica su Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, lo que convirtió el nombre en símbolo del creyente ideal desde los primeros siglos del cristianismo.
En el santoral abundan los santos Teófilo; la onomástica más extendida en España se sitúa el 20 de diciembre. En el mundo hispano el nombre brilla sobre todo por dos leyendas del deporte: el futbolista peruano Teófilo Cubillas, uno de los mejores de la historia de su país, y el boxeador cubano Teófilo Stevenson, tres veces campeón olímpico.
Hoy Teófilo se percibe como un nombre culto, sonoro y algo señorial, poco frecuente entre los recién nacidos, lo que le da un aire elegante y distintivo. Su musicalidad grave y su significado luminoso lo hacen un nombre con carácter, que combina raíces clásicas con una nobleza que nunca pasa de moda.
Teófilo lleva en el nombre una declaración de principios, 'amigo de Dios', y de ahí brota un carácter que aspira a lo alto sin hacer ruido. Su rasgo maestro es la independencia unida a una voluntad de líder, la del número uno: Teófilo prefiere abrir su propio surco a caminar por sendas trilladas, y tiene esa seguridad tranquila del que sabe lo que vale sin necesidad de proclamarlo.
Hay en él una nobleza casi antigua, heredada del aire culto y clásico del nombre. Es reflexivo, amante del conocimiento y de la conversación con fondo; no le van las frivolidades, aunque esconde un humor fino y una ironía elegante que solo sueltan quienes de verdad lo tratan. Su lealtad es de las serias: cuando Teófilo te adopta como amigo, lo es de por vida, con la misma constancia con que un Teófilo Cubillas defendía su camiseta o un Teófilo Stevenson rechazaba fortunas por fidelidad a los suyos.
Su ambición es real pero digna, más de dejar huella que de amasar aplausos; de hecho, su necesidad de atención es baja y hasta puede resultar reservado. Bajo esa contención late, sin embargo, una sensibilidad honda, la del creyente que el nombre evoca, capaz de emocionarse con la belleza, la justicia o una gran gesta deportiva.
Donde puede tropezar es en cierto orgullo y en su tendencia a ir por libre, que a veces le hace parecer distante o difícil de aconsejar. Pero quien gana su confianza descubre a alguien de una pieza, coherente entre lo que piensa y lo que hace, con la elegancia grave de un nombre que atraviesa los siglos sin arrugarse. Teófilo no busca gustar a todos: busca ser fiel a lo que cree, y eso, a la larga, es lo que más se admira de él.
Retrato lúdico, para tomar con una sonrisa.
Teófilo, cuyo nombre grita "amado por Dios", no busca simples encuentros; anhela una conexión que trascienda lo carnal para tocar el alma. En el lecho, es un devoto del erotismo sutil y profundo. No le atraen las prisas ni la superficialidad; su mayor lujuria es la complicidad silenciosa, esa mirada que dice más que mil promesas vacías. Es sensual, sí, pero con la paciencia de quien sabe que la verdadera pasión se construye en la escucha y en la entrega mutua.
Lo que realmente lo enamora es la inteligencia femenina, esa mente afilada que desafía y complementa la suya. Sin embargo, huye de la frialdad emocional y de las actitudes pretenciosas. Si una pareja se muestra distante o manipuladora, su interés se apaga al instante, como una vela ahogada por la indiferencia. Teófilo necesita sentirse necesario, no por vanidad, sino para alimentar su naturaleza protectora y devota. Busca a quien sea su confidente y su refugio, alguien con quien el silencio sea cómodo y la pasión, eterna. No es un amante posesivo, sino un compañero de vida que ofrece lealtad inquebrantable a cambio de autenticidad.
Es de origen griego, de Theóphilos, formado por theós ('dios') y phílos ('amigo').
Significa 'amigo de Dios' o 'amado por Dios'.
La fecha más difundida en España es el 20 de diciembre, aunque hay varios santos Teófilo repartidos por el año, como San Teófilo de Cesarea el 5 de marzo.
Es la persona a la que San Lucas dedica su Evangelio y los Hechos de los Apóstoles; su identidad exacta se desconoce.
No, es poco frecuente, lo que le da un aire culto y distinguido.
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