Catalino es un nombre con raíces griegas que evoca la idea de "baldío" o "tierra fértil", aunque hoy suena mucho más a alguien que siembra diversión donde va. Ha pasado de los registros históricos antiguos a convertirse en un apelativo con mucha personalidad propia. No es un nombre que se esconda, sino que prefiere brillar con luz propia.
Si Catalino fuera un postre, sería un asado bien jugoso: intenso, sabroso y difícil de ignorar. Es esa persona que llega a la reunión y se convierte en el centro de atención sin pedir permiso, mezclando la seriedad del trabajo con el humor más absurdo. Tiene una energía contagiosa, capaz de sacar una sonrisa hasta en el día más gris de Buenos Aires.
Retrato lúdico, para tomar con una sonrisa.
En el amor, Catalino no juega a ser misterioso; es directo y apasionado como un partido de fútbol en el último minuto. Busca una pareja que aguante sus locuras y comparta risas hasta que duela el estómago. No le gustan los juegos fríos; prefiere el calor de una buena cena casera y las conversaciones que se alargan hasta el amanecer.
Inventar historias increíbles para contar en el primer café que encuentra.
Hacer que cualquier problema parezca menos grave con una buena broma.
La falta de espontaneidad y las reuniones que duran más de lo necesario.
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