Agustín proviene del latín Augustinus, diminutivo del imperial Augustus, 'el venerable' o 'el majestuoso'. El nombre debe su enorme fortuna a San Agustín de Hipona (354-430), uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia occidental, filósofo, teólogo y autor de las célebres 'Confesiones'. Su fiesta, el 28 de agosto, es una de las más destacadas del santoral.
La figura de Agustín —el joven inquieto que, tras una vida disipada, se convirtió en uno de los pensadores más influyentes de Occidente— cargó al nombre con un aura intelectual y espiritual notable. En España y en América Hispánica, el nombre fue llevado por religiosos, militares, escritores y músicos, con un tono a la vez serio y cautivador. La orden de los agustinos difundió aún más su devoción.
Hoy, Agustín es percibido como un nombre clásico y con carácter, sobrio pero cálido, que en las últimas décadas recuperó vigor, especialmente en Argentina, Chile y el Cono Sur, donde 'Agus' es un diminutivo cariñoso omnipresente. Combina la solidez de sus raíces latinas con una proximidad muy actual.
Agustín es un buscador de profundidad con temperamento de líder. Su epónimo, el gran San Agustín, encarna el viaje del inquieto que pasa de la disipación a la sabiduría, y ese doble fondo —pasión y reflexión— define el nombre. El 1 numerológico refuerza el retrato: Agustín tiene carácter, iniciativa y una independencia marcada; no es de los que se dejan llevar por la corriente.
Hay en él una tensión fértil entre la cabeza y el corazón. Por un lado, un intelecto curioso y profundo, capaz de cuestionar las cosas con la profundidad del autor de las 'Confesiones'; por otro, una sensibilidad artística evidente, la misma que hizo de Agustín Lara un poeta del bolero. De ahí que muchos Agustines combinen rigor y romanticismo, ambición y ensueño, con una elegancia natural.
Su estabilidad es sólida pero no rígida: Agustín necesita su espacio, su libertad para pensar y crear, y soporta mal las imposiciones. Es leal con los suyos y sabe entregarse, aunque conserva siempre un propio jardín interior. Su humor tiende hacia lo ingenioso y un poco sarcástico —muy latino, muy de sobremesa—, y su diplomacia funciona mejor por convicción que por cálculo.
Ambicioso con clase, Agustín aspira a dejar huella, a hacer algo que perdure, sea una obra, una idea o un proyecto de vida. No busca el aplauso fácil, sino el reconocimiento del bien hecho. En el Cono Sur, donde el cariñoso 'Agus' abunda, el nombre añade una proximidad cálida que suaviza su fondo señorial. En suma, Agustín es el pensador apasionado, aquel que lidera sin gritar y crea sin pedir permiso. Venerable, como manda su nombre.
Ritratto giocoso, da prendere con il sorriso.
Agustín no corteja; eleva. Su nombre, resonancia del *Augustus*, impone un respeto casi sagrado en la cama y en el corazón. No busca la frivolidad del juego ligero, sino la majestad de un encuentro que se siente consagrado. Su sensualidad es pausada, grave, cargada de esa venerabilidad que hace que cada toque parezca un ritual antiguo. Se siente atraído por almas que posean una dignidad innata, mujeres u hombres que no necesiten gritar para ser vistos, sino que brillen con la luz propia de lo sublime. Sin embargo, huye de la frivolidad vacía y de la falta de profundidad; la superficialidad le aburre mortalmente, pues choca con su necesidad de engrandecer el vínculo. En el amor, Agustín ofrece lealtad monumental. No es un amante efímero, sino una estructura sólida, un refugio de piedra y seda donde el deseo se mezcla con el honor. Para él, hacer el amor es aumentar el alma del otro, no solo saciar el cuerpo.
Significa 'venerable' o 'majestuoso', del latín Augustinus, diminutivo de Augustus.
El 28 de agosto, festividad de San Agustín de Hipona, Padre y Doctor de la Iglesia.
Un obispo, filósofo y teólogo de los siglos IV-V, autor de las 'Confesiones' y 'La Ciudad de Dios', clave del pensamiento cristiano.
Agus, muy difundido sobre todo en Argentina y el Cono Sur; también Tin o Tino.
Sí, Agustina, un nombre en pleno auge en América Hispánica.