Serafin viene del griego “seraphim”, que significa “ardiente” o “llameante”, aludiendo a los ángeles de fuego más cercanos a Dios. En Argentina, suena a ese amigo que siempre llega con la energía al máximo, ya sea para una asada o para una discusión filosófica a las 3 de la mañana. No es un nombre que pase desapercibido, sino que entra en la habitación haciendo ruido y dejando huella.
Es un tipo con una mezcla rara de místico y práctico: puede estar contemplando el universo un rato y luego arreglarte el auto con cinta adhesiva y buena voluntad. Tiene esa chispa irónica típica del porteño que sabe que la vida es corta, así que mejor se ríe de todo.
Retrato lúdico, para tomar con una sonrisa.
En el amor, Serafin no juega a los juegos de “hacerse el difícil” porque le da pereza; prefiere la claridad y la complicidad. Busca una pareja que aguante sus divagaciones nocturnas y que comparta el silencio sin que sea incómodo. Una vez que te gana, es leal hasta el final, aunque a veces te haga reír tanto que no sepas si te está coqueteando o burlándose amablemente.
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