Oracio viene del latín *Horatius*, que significa “el que tiene hora” o “el que marca el tiempo”, vinculado a la figura del dios Horacio. Es un nombre con mucha historia, usado por ilustres poetas y guerreros en la antigua Roma. En Argentina, suena clásico, con ese toque de abuelo sabio pero con chiste. No es de los nombres que gritan, pero sí de los que se recuerdan.
Oracio es el tipo que llega tarde a todo pero siempre tiene una excusa genial. Es tranquilo, observador y le encanta dar consejos que nadie pidió pero que resultan útiles. Tiene esa energía de “todo sale bien si no te apuras”, y en el trabajo es el que calma los ánimos con una frase irónica.
Retrato lúdico, para tomar con una sonrisa.
En el amor, Oracio es el que escribe cartas a mano (o al menos intenta). Le gusta lo lento, lo profundo, lo que se construye con paciencia. No es de los que dicen “te amo” al primer café, pero cuando lo hace, es para quedarse. Y si te gana en un juego de mesa, no te lo va a perdonar nunca.
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