Laurentino es un nombre con pinta de grande, que suena a historia y a personajes ilustres, aunque hoy en día es de esos que te hacen girar la cabeza para atrás. Tiene un aire clásico, serio y un poco aristocrático, pero con esa chispa de quien sabe que lleva una carga familiar pesada en la espalda. Es el tipo de nombre que pide a gritos que le cuenten historias de abuelos valientes, aunque la realidad sea más bien que tu tío Carlos siempre perdió las llaves.
Imaginá a Laurentino como ese amigo que llega tarde a la reunión pero siempre tiene la mejor anécdota contada con una seriedad cómica. Es de los que parecen graves y pensativos al principio, pero en cuanto suelta el primer chiste, se convierte en el alma de la fiesta con una ironía fina y muy argentina. No le gusta el drama innecesario, prefiere resolver los problemas con una buena charla y, si hace falta, con un asado bien cargado.
Retrato lúdico, para tomar con una sonrisa.
En el amor, Laurentino no juega a los juegos raros ni a los misteriosos de las telenovelas; quiere algo claro, directo y con buena onda. Es leal hasta la médula, así que si te gana el corazón, vas a tener un compañero de vida que te lleva al cine, te escucha quejarte del trabajo y te hace reír cuando todo sale mal. No es el más romántico de las flores y chocolates diarios, pero su forma de amar es práctica, constante y muy protectora.
Porque viene de una tradición romana antigua, pero con una buena risa se le pasa todo.
No, pero mucha gente se confunde y lo llama "Laurentino" con 'c' o lo abrevian mal, así que paciencia.
Probablemente leer algo interesante, tomar un café bien cargado y disfrutar de una buena charla con amigos.
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