Elisandra es una variante encantadora y poco común de Alexandra, que a su vez viene del griego y significa "defensora del pueblo" o "protectora". Aunque suena con un aire clásico y noble, en la Argentina moderna tiene ese toque fresco y único que la hace destacar sin esfuerzo. No es un nombre de los que se repiten mil veces en el aula, lo que le da a quien lo lleva una identidad propia y distintiva desde el primer día.
Si conoces a una Elisandra, prepárate para una mezcla rara pero divertida de sensibilidad y terquedad argentina. Es de esas personas que pueden llorar con una película de Disney y luego discutirte el orden de las facturas con una lógica impecable. Tiene esa chispa irónica típica del porteño (o del interior) que la hace ser la mejor amiga para una salida y la peor para una competencia de karaoke.
Retrato lúdico, para tomar con una sonrisa.
En el amor, Elisandra no busca el romance de película de verano, sino algo con sustancia y buena onda. Le gusta la complicidad, las conversaciones hasta las 3 de la mañana y saber que su pareja la respeta tanto como la admira. No es de juegos raros ni de hacer el misterio innecesario; si le gustas, te lo dice con una sonrisa pícara, y si no, te lo hace entender con un silencio elocuente.
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